Involucrar a otros para motivarte
Mucha gente se pregunta cómo es que puede ser tan poco productivo y procrastinar tanto en su tiempo libre cuando, en su trabajo habitual, aprovecha bastante el tiempo. La razón es que en el trabajo tenemos gente que revisa, valora o simplemente, espera ese esfuerzo por nuestra parte. Es decir, el sólo hecho de que haya alguien pendiente de nuestro progreso en algo en concreto, ya es razón suficiente para motivarnos y trabajar en ello, nos guste o no. Por supuesto hay otros factores como el miedo a que te despidan si no haces tu trabajo, es cierto. Pero yo mismo he comprobado muchas veces que cuando he tenido gente pendiente de mi progreso, he sido más capaz de hacer cosas en mi tiempo libre.
Uno de mis hobbies es el desarrollo de videojuegos, y el primero que hice fue para un proyecto que duraba dos meses en el instituto. Recuerdo como la mayoría de mis compañeros dejaban sus trabajos -que había de todo tipo- para el último momento, pero yo trabajaba en el mío casi cada día, progresando sustancialmente cada semana. Y parte de esa gran motivación que experimenté durante esos dos meses se la debo a Leandro Capdevila, profesor de informática y tutor de mi proyecto. A diferencia de la mayoría de tutores de mis compañeros, él se interesó mucho cada semana por todo lo que yo iba haciendo y cómo lo hacía. El poder que da el querer evitar la humillación propia o la desilusión por parte de aquellos pendientes de tu trabajo, es importante. Sin embargo, personalmente puedo decir que cuando más motivando y enganchado a alguna tarea estoy, es cuando pienso en lo que le va a gustar o sorprender mi trabajo a aquellos que lo van a ver. Pensar en positivo siempre da mejores resultados.
Ya he comentado en alguna ocasión que estoy empezando a aprender a tocar la guitarra. Es algo que he querido hacer siempre y nunca he tenido la voluntad suficiente para ponerme. Ahora quedo una vez a la semana con Juan, un chico estupendo que me está ayudando a entrar en el maravilloso mundo de este fascinante instrumento, y saber que cada jueves tengo que demostrarle que he mejorado desde la vez anterior, aunque sea un poco, es motivación suficiente para practicar siempre que puedo.
En el otro lado de la balanza, cuando me he involucrado en proyectos de los que nadie sabía nada, no he tenido ningún problema en abandonarlos cuando perdí el interés pese a haber invertido muchas horas en ellos. Llegados a este punto, te aconsejo que involucres a más gente en todas las metas que intentes alcanzar. Dile a tus amigos que vas a empezar a comer sano para perder unos kilos, o que vas a dejar de fumar. Involucra en tus proyectos a todos los que creas que les pueden interesar. Como beneficio añadido, te aseguro que obtendrás opiniones y críticas de lo más útiles.
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